bueno como por ahi había alguien que también estaba adaptando este libro, habia dicho que no, pero ahi me dije oo!!. ya igual lo hago!! .. así que la seguiré . tratare de actualizar.. ah y adaptare otros mas.!! tengo miles de libros hermoso... tendré que volverlos a escribir porque están en físico . pero ya que no tengo clases lo haré ^^ gracias ^^
Bandera Roja-PARTE II
Cuatro horas después, Junsu llamó a mi puerta para ir a casa de Yoochun y Yunho. El no se pudo contener cuando salí al pasillo.
— ¡Qué asco, Jaejoong! ¡Pareces un maestro!
—Bien —dije, sonriendo a mi atuendo. Mi cabello estaba peinado de manera patética con una raya al centro. Me había lavado el maquillaje de la cara y sustituí mis lentes de contacto por mis gafas con montura negra. Luciendo una camiseta y pantalones de chándal, terminando con un par de zapatillas. La idea se me había ocurrido horas antes, no ser atractivo era el mejor plan. Obviamente, Yunho estaría desanimado inmediatamente y detendría su ridícula persistencia. Si él estaba en busca de un amigo, entonces sería muy poca cosa para ser vista a su lado.
Junsu bajó la ventanilla y escupió su goma de mascar.
—Eres tan obvio. ¿Por qué no rodaste en mierda de perro para completar tu atuendo?
—No estoy tratando de impresionar a nadie —le dije.
—Obviamente.
Nos detuvimos en el estacionamiento del apartamento de Yunho y yo seguí a Junsu a las escaleras. Yoochun abrió la puerta, riendo cuando entré.
— ¿Qué te pasó a ti?
—Está tratando de no impresionar —dijo Junsu.
Junsu siguió a Yoochun a su habitación. La puerta se cerró y me quedé solo, sintiéndome fuera de lugar. Me senté en el sillón cercano a la puerta y me quité mis zapatillas.
Su apartamento era más agradable que el típico apartamento de soltero. Los posters predecibles de mujeres medio desnudas y señales de tránsito estaban en las paredes, pero aparte de eso estaba limpio, los muebles eran nuevos y el olor a ropa sucia y de cerveza no estaba presente.
—Ya era hora de que llegaras —dijo Yunho, colapsando en el sofá.
Sonreí y empujé las gafas sobre mi nariz, esperando a que él prestara atención a mi apariencia. —Junsu tenía un ensayo que terminar.
—Hablando de ensayos, ¿Ya has comenzado el de historia?
Él ni siquiera se inmutó por mi cabello desordenado y fruncí el ceño ante su reacción. — ¿Tú? —Lo terminé esta tarde.
—Pero no se entregará hasta el próximo miércoles. —le dije, sorprendido.
—Sólo para borrarlo de la lista. ¿Qué tan difícil puede ser un ensayo de dos páginas sobre Grant?
—Me imagino que soy flojo, entonces —me encogí de hombros—. Es probable que lo comience hasta este fin de semana.
—Bueno, si necesitas ayuda, házmelo saber.
Esperé a que se riera, o mostrara algún signo de que estaba bromeando, pero su expresión era sincera. Levanté una ceja. —Tú me vas a ayudar con mi ensayo.
—Tengo una A en esa clase —dijo un poco molesto ante mi incredulidad.
—Él tiene A en todas sus clases. Él es un jodido genio. Lo odio —dijo
Yoochun mientras entraba en la habitación de la mano de Junsu.
Vi a Yunho con una expresión dudosa y sus cejas se levantaron. — ¿Qué? ¿No crees que un hombre cubierto de tatuajes y que intercambie golpes para ganarse la vida , pueda obtener buenas calificaciones? No estoy en la escuela porque no tenga nada mejor que hacer.
— ¿Por qué tienes que luchar, entonces? ¿Por qué no aplicas para becas?
—Ya lo hice. Se me concedió la mitad de mi matrícula. Pero hay libros, gastos, y tengo que obtener la otra mitad. Lo digo en serio, Boo. Si necesitas ayuda con algo, sólo pregunta.
—No necesito tu ayuda. Soy capaz de escribir un ensayo. —Quería dejarlo en eso. Debí haberlo dejado en eso, pero lo que había descubierto, ínsito mi curiosidad —. ¿No puedes buscar otra cosa que hacer para ganarte la vida? Algo menos, no sé, ¿sádico?
Yunho se encogió de hombros. —Es una manera fácil de ganar dinero. No puedo ganar lo mismo trabajando en el centro comercial.
—Yo no diría que es fácil si tú estás recibiendo golpes en la cara.
— ¿Qué? ¿Estás preocupado por mí? —Me hizo un guiño. Hice una mueca y él rió entre dientes—. No soy golpeado con tanta frecuencia. Si tratan de golpearme, me muevo. No es tan difícil.
Me reí una vez más. —Actúas como si nadie más haya llegado a esa conclusión.
—No es solamente lanzar un golpe, recibirlo y contraatacar. Eso no va a ganar una pelea.
Puse los ojos en blanco. — ¿Quién eres tú… el Karate Kid? ¿Dónde aprendiste a luchar?
Yoochun y Junsu se miraron y luego sus ojos se posaron en el suelo. No me tomó mucho tiempo entender que había dicho algo malo.
Yunho no parecía afectado. —Tuve un padre con problemas alcohólicos y mal temperamento y cuatro hermanos mayores que portaban el gen de idiotez.
—Oh. —Mis mejillas ardían.
—No te avergüences, Boo. Papá dejó de beber, los hermanos maduraron.
—No estoy avergonzada. —Jugueteé con mis dedos y luego decidí soltarlos, tratando de ignorar el silencio incómodo.
—Me gusta tu aspecto al natural. Nadie viene aquí así.
—Fui obligado a venir aquí. No se me ocurrió que debía impresionarte — le dije, enfadado de que mi plan hubiese fracasado.
Sonrió con su sonrisa infantil, divertida, la cual incremento mi ira, esperando a que cubriera mi inquietud. No sabía cómo la mayoría de personas se sentían a su alrededor, pero había visto su comportamiento. Estaba experimentando un desequilibrio en mis emociones, y entre más él intentaba hacerme reír, más inestable me sentía.
—Ya estoy impresionado. Normalmente no tengo que rogar para que vengan a mi apartamento.
—Estoy seguro. —le dije, haciendo una mueca de disgusto.
Él era tan seguro de sí mismo. No sólo estaba descaradamente consciente de su físico, él estaba acostumbrado a que las personas se le lanzaran, por lo que él consideraba mi actitud fría como algo refrescante en lugar de un insulto. Tendría que cambiar de estrategia.
Junsu apuntó el control remoto al televisor y la encendió. —Hay una buena película esta noche. ¿Alguien quiere verla?
Yunho se puso de pie. —Estaba a punto de ir a cenar. ¿Tienes hambre, Boo?
—Ya comí —me encogí de hombros.
—No, no lo has hecho —dijo Junsu, antes de darse cuenta de su error—. Oh… es cierto, se me olvido que tú comiste una ¿pizza? Antes de salir.
Hice una mueca ante su miserable intento de arreglar su metida de pata, y luego esperé la reacción de Yunho.
Él cruzó la habitación y abrió la puerta.
—Vamos. Tienes que tener hambre.
— ¿A dónde vamos?
—Dondequiera que tú desees. Podemos ir a una pizzería. Miré a mi ropa. —Realmente no estoy vestido.
Él me observó por un momento y luego sonrió. —Te ves bien. Vamos, que estoy muriendo de hambre.
Me puse de pie y me despedí de Junsu, pasando a Yunho para bajar las escaleras. Me detuve en el estacionamiento, mirando con horror como él se montó en una motocicleta de color negro.
—Uh… —No supe que decir, mi cara de terror lo decía todo.
Me lanzó una mirada impaciente. —Oh, sube. Iré lento.
— ¿Qué es eso? —pregunté, leyendo la escritura en el tanque de gas demasiado tarde.
—Es una Harley Night Rod. Ella es el amor de mi vida, así que no rayes la pintura cuando te subas.
— ¡Estoy usando Zapatillas! Yunho se me quedó mirando como si hubiera hablado en un idioma diferente.
Se puso sus gafas de sol y el motor rugió cuando lo trajo a la vida. Me subí y busqué algo a que agarrarme, pero mis dedos se deslizaron del cuero a la cubierta de plástico de la luz trasera.
Yunho me agarró de las muñecas y las envolvió en torno a su cintura. — No hay nada de que aferrarte excepto de mí, Boo. No me sueltes. —dijo, empujando la moto hacia atrás con los pies. Con un movimiento de su muñeca, salió a la calle, y se dirigió como un cohete. Los mechones de mi cabello que colgaban golpeaban contra mi cara, y me escondí detrás de Yunho, sabiendo que terminaría con bichos en mis gafas si miraba por encima de su hombro.
Él piso el acelerador , nos detuvimos en la entrada del restaurante, y una vez que estacionó, no perdí tiempo para volver a la seguridad del concreto.
— ¡Eres un loco!
Yunho se echó a reír, apoyando su motocicleta sobre el pie de apoyo antes de bajar. —Conduje al límite de velocidad.
— ¡Sí, si estuviéramos en la autopista! —dije, pasando mis dedospor mi cabello, para tratar de desenredarlo.
Yunho me vio retirar el pelo de mi rostro y luego se dirigió a la puerta, manteniéndola abierta. —No dejaría que nada te pasara, Boo.
Pasé junto a él para entrar al restaurante, mi cabeza aún no estaba en sintonía con mis pies. El aroma a grasa y condimentos llenaban el aire mientras lo seguía a través de la roja alfombra. Eligió una mesa en la esquina, lejos de los grupos de estudiantes y familias, y pidió dos cervezas. Escaneé la habitación, mirando a los padres persuadir a los niños a comer, y mirando a otro lado percibí las miradas curiosas de los estudiantes.
—Claro, Yunho —dijo la camarera, escribiendo nuestras bebidas. Ella parecía un poco drogada ante su presencia mientras regresaba a la cocina.
Me acomodé, de repente avergonzado por mi apariencia. — ¿Vienes aquí a menudo? —Pregunté mordazmente.
Yunho se inclinó sobre la mesa con los codos, sus ojos color marrón fijos en los míos. —Así qué, ¿cuál es tu historia, Boo? ¿Eres un odia-personas en general o sólo me odias a mí?
—Creo que sólo a ti —me quejé.
Se echó a reír una vez más, divertido por mi estado de ánimo. —No puedo comprenderte. Tú eres la única persona que ha estado disgustado conmigo antes del sexo. No te pones nervioso cuando hablas conmigo y no tratas de llamar mi atención.
—No es un truco. Simplemente no me caes bien.
—No estarías aquí si no te gustara.
Mi ceño involuntariamente se suavizó y suspiré. —No digo que eres una mala persona. Simplemente no me gusta ser un objetivo por el sólo hecho de que te apetezca tener sexo con todo aquello que se mueva. —Me concentré en en la mesa hasta que oí un sonido ahogado de la dirección de Yunho.
Sus ojos se agrandaron y se estremecía de la risa. — ¡Oh, Dios mío! ¡Me estás matando! Eso es. Hemos de ser amigos. No voy a aceptar un no por respuesta.
—No me importa ser amigos, pero eso no quiere decir que tratarás de meterte en mis pantalones cada cinco segundos.
—No dormirás conmigo. Lo entiendo. Traté de no sonreír, pero fallé.
Sus ojos se iluminaron. —Te doy mi palabra. Ni siquiera pensaré en tus pantalones?… a menos que quieras que lo haga.
Apoyé los codos sobre la mesa y me incliné en ellos.
—Y eso no sucederá, por lo que podemos ser amigos.
Una sonrisa traviesa apareció en su rostro mientras él se inclinaba un poco más cerca. —Nunca digas nunca.
—Entonces, ¿cuál es tu historia? —Le pregunté—. ¿Siempre has sido Yunho “Mad Dog” Jung o sólo desde que llegaste aquí? —Utilicé dos dedos en cada mano como comillas cuando dije su apodo, y por primera vez su confianza se desvaneció. Él parecía un poco avergonzado.
—No. Changmin comenzó eso después de mi primera pelea.
Sus respuestas cortas estaban comenzando a fastidiarme. — ¿Eso es todo? ¿No me dirás nada acerca de ti mismo?
— ¿Qué quieres saber?
—Las cosas normales. De dónde eres, lo que quieres ser cuando seas grande… cosas así.
—Soy de aquí, nací y crecí, y estoy matriculándome en justicia criminal. Con un suspiro, desenrolló sus cubiertos y los enderezó junto a su plato.
Él miró sobre su hombro, y noté su mandíbula tensarse un poco por los que nos rodeaban. Dos mesas ocupadas por el equipo de fútbol soccer de la universidad estalló en carcajadas, y Yunho parecía estar molesto por lo que se reían.
—Estás bromeando. —le dije con incredulidad.
—No, soy un loco. —dijo él, distraído.
Sus cejas se juntaron, de pronto concentrado en nuestra conversación.
— ¿Por qué?
Recorrí los tatuajes que cubrían su brazo. —Sólo voy a decir que pareces más criminal y menos justicia.
—No me meto en problemas… en su mayor parte. Papá era muy estricto.
— ¿Dónde estaba tu mamá?
—Ella murió cuando yo era niño, —dijo como sin nada.
—Yo… yo lo siento. —dije, sacudiendo la cabeza. Su respuesta me pilló con la guardia baja.
Rechazó mi simpatía. —No me acuerdo de ella. Mis hermanos lo hacen, pero yo sólo tenía tres años cuando murió.
—Cuatro hermanos, ¿eh? ¿Cómo logras mantenerlos en regla? —Me burlé.
—Los mantengo por quien golpea más fuerte, lo que también es de mayor a menor. Dongwan, los gemelos… Junjin y Hyesung, y Minwoo. Nunca, nunca estés sola en un cuarto con los gemelos. Aprendí la mitad de lo que hago en el Circulo de ellos. Minwoo era el más pequeño, pero él es rápido. Él es el único que puede azotarme un golpe, ahora.
Negué con la cabeza, atónito ante la idea de cinco Yunho corriendo en un hogar. — ¿Todos tienen tatuajes?
—Más o menos. Excepto Dongwan. Él es un ejecutivo de publicidad en Busan.
— ¿Y tu papá? ¿Dónde está?
—Por allí —dijo. Su mandíbula tensa nuevamente, cada vez más irritado con el equipo de fútbol. — ¿De qué se están riendo? —Pregunté, señalando a la mesa ruidosa. Él negó con la cabeza, claramente sin querer compartir. Me crucé de brazos y me retorcí en mi asiento, nervioso sobre lo que estaban diciendo que le causó tanto enfado. —Cuéntame.
—Se están riendo de mí por tener que llevarte a cenar, primero. No es por lo general… lo mío.
— ¿Primero? —Cuando la comprensión se posó en mi rostro, Yunho hizo una mueca de dolor al ver mi expresión. Hablé antes de pensar—. Y yo que tenía miedo de que se estuvieran riendo de ti por ser visto conmigo así vestido, y ellos creen que voy a dormir contigo —me quejé.
— ¿Por qué no querría ser visto contigo?
— ¿De qué estábamos hablando? —Pregunté, tratando de evitar el sonrojo en mis mejillas.
—De ti. ¿Cuál es tu especialidad? —preguntó.
—Oh, eh… educación general, por el momento. Todavía estoy indeciso, pero me estoy inclinando hacia contabilidad.
—Tú no eres de aquí, sin embargo. Debes de ser trasladada.
—Incheon. Igual que Junsu.
— ¿Cómo llegaste hasta aquí desde Incheon?
Cogí la etiqueta de la botella de cerveza. —Sólo teníamos que escapar.— ¿De qué?
—Mis padres.
—Oh. ¿Qué hay sobre Junsu? ¿El tiene problemas con sus padres, también?
—No, Young Mi y Junho son geniales. Ellos prácticamente me criaron. El sólo vino siguiendome; el no quería que viniese solo.
Yunho asintió con la cabeza. —Así que, ¿por qué Seúl ?
— ¿Qué pasa con el tercer grado? —Le dije. Las preguntas estaban dirigiéndose de una pequeña charla a lo personal, y estaba comenzando a sentirme incómodo.
Varias sillas entrechocaron cuando el equipo de fútbol abandonó sus asientos. Intercambiaron una última broma antes de serpentear hacia la puerta. Los que estaban en la parte trasera empujaron a los de adelante para escapar antes de que Yunho hiciera su camino hacia ellos. Se sentó, con frustración y la ira empezó a desvanecerse.
Levanté una ceja.
—Ibas a decir por qué elegiste Seúl —dijo.
—Es difícil de explicar, —le dije, encogiéndome de hombros—. Creo que sólo se sentía bien.
Él sonrió cuando abrió el menú. —Sé lo que quieres decir.
Bandera Roja-PARTE II
Cuatro horas después, Junsu llamó a mi puerta para ir a casa de Yoochun y Yunho. El no se pudo contener cuando salí al pasillo.
— ¡Qué asco, Jaejoong! ¡Pareces un maestro!
—Bien —dije, sonriendo a mi atuendo. Mi cabello estaba peinado de manera patética con una raya al centro. Me había lavado el maquillaje de la cara y sustituí mis lentes de contacto por mis gafas con montura negra. Luciendo una camiseta y pantalones de chándal, terminando con un par de zapatillas. La idea se me había ocurrido horas antes, no ser atractivo era el mejor plan. Obviamente, Yunho estaría desanimado inmediatamente y detendría su ridícula persistencia. Si él estaba en busca de un amigo, entonces sería muy poca cosa para ser vista a su lado.
Junsu bajó la ventanilla y escupió su goma de mascar.
—Eres tan obvio. ¿Por qué no rodaste en mierda de perro para completar tu atuendo?
—No estoy tratando de impresionar a nadie —le dije.
—Obviamente.
Nos detuvimos en el estacionamiento del apartamento de Yunho y yo seguí a Junsu a las escaleras. Yoochun abrió la puerta, riendo cuando entré.
— ¿Qué te pasó a ti?
—Está tratando de no impresionar —dijo Junsu.
Junsu siguió a Yoochun a su habitación. La puerta se cerró y me quedé solo, sintiéndome fuera de lugar. Me senté en el sillón cercano a la puerta y me quité mis zapatillas.
Su apartamento era más agradable que el típico apartamento de soltero. Los posters predecibles de mujeres medio desnudas y señales de tránsito estaban en las paredes, pero aparte de eso estaba limpio, los muebles eran nuevos y el olor a ropa sucia y de cerveza no estaba presente.
—Ya era hora de que llegaras —dijo Yunho, colapsando en el sofá.
Sonreí y empujé las gafas sobre mi nariz, esperando a que él prestara atención a mi apariencia. —Junsu tenía un ensayo que terminar.
—Hablando de ensayos, ¿Ya has comenzado el de historia?
Él ni siquiera se inmutó por mi cabello desordenado y fruncí el ceño ante su reacción. — ¿Tú? —Lo terminé esta tarde.
—Pero no se entregará hasta el próximo miércoles. —le dije, sorprendido.
—Sólo para borrarlo de la lista. ¿Qué tan difícil puede ser un ensayo de dos páginas sobre Grant?
—Me imagino que soy flojo, entonces —me encogí de hombros—. Es probable que lo comience hasta este fin de semana.
—Bueno, si necesitas ayuda, házmelo saber.
Esperé a que se riera, o mostrara algún signo de que estaba bromeando, pero su expresión era sincera. Levanté una ceja. —Tú me vas a ayudar con mi ensayo.
—Tengo una A en esa clase —dijo un poco molesto ante mi incredulidad.
—Él tiene A en todas sus clases. Él es un jodido genio. Lo odio —dijo
Yoochun mientras entraba en la habitación de la mano de Junsu. Vi a Yunho con una expresión dudosa y sus cejas se levantaron. — ¿Qué? ¿No crees que un hombre cubierto de tatuajes y que intercambie golpes para ganarse la vida , pueda obtener buenas calificaciones? No estoy en la escuela porque no tenga nada mejor que hacer.
— ¿Por qué tienes que luchar, entonces? ¿Por qué no aplicas para becas?
—Ya lo hice. Se me concedió la mitad de mi matrícula. Pero hay libros, gastos, y tengo que obtener la otra mitad. Lo digo en serio, Boo. Si necesitas ayuda con algo, sólo pregunta.
—No necesito tu ayuda. Soy capaz de escribir un ensayo. —Quería dejarlo en eso. Debí haberlo dejado en eso, pero lo que había descubierto, ínsito mi curiosidad —. ¿No puedes buscar otra cosa que hacer para ganarte la vida? Algo menos, no sé, ¿sádico?
Yunho se encogió de hombros. —Es una manera fácil de ganar dinero. No puedo ganar lo mismo trabajando en el centro comercial.
—Yo no diría que es fácil si tú estás recibiendo golpes en la cara.
— ¿Qué? ¿Estás preocupado por mí? —Me hizo un guiño. Hice una mueca y él rió entre dientes—. No soy golpeado con tanta frecuencia. Si tratan de golpearme, me muevo. No es tan difícil.
Me reí una vez más. —Actúas como si nadie más haya llegado a esa conclusión.
—No es solamente lanzar un golpe, recibirlo y contraatacar. Eso no va a ganar una pelea.
Puse los ojos en blanco. — ¿Quién eres tú… el Karate Kid? ¿Dónde aprendiste a luchar?
Yoochun y Junsu se miraron y luego sus ojos se posaron en el suelo. No me tomó mucho tiempo entender que había dicho algo malo.
Yunho no parecía afectado. —Tuve un padre con problemas alcohólicos y mal temperamento y cuatro hermanos mayores que portaban el gen de idiotez.
—Oh. —Mis mejillas ardían.
—No te avergüences, Boo. Papá dejó de beber, los hermanos maduraron.
—No estoy avergonzada. —Jugueteé con mis dedos y luego decidí soltarlos, tratando de ignorar el silencio incómodo.
—Me gusta tu aspecto al natural. Nadie viene aquí así.
—Fui obligado a venir aquí. No se me ocurrió que debía impresionarte — le dije, enfadado de que mi plan hubiese fracasado.
Sonrió con su sonrisa infantil, divertida, la cual incremento mi ira, esperando a que cubriera mi inquietud. No sabía cómo la mayoría de personas se sentían a su alrededor, pero había visto su comportamiento. Estaba experimentando un desequilibrio en mis emociones, y entre más él intentaba hacerme reír, más inestable me sentía.
—Ya estoy impresionado. Normalmente no tengo que rogar para que vengan a mi apartamento.
—Estoy seguro. —le dije, haciendo una mueca de disgusto.
Él era tan seguro de sí mismo. No sólo estaba descaradamente consciente de su físico, él estaba acostumbrado a que las personas se le lanzaran, por lo que él consideraba mi actitud fría como algo refrescante en lugar de un insulto. Tendría que cambiar de estrategia.
Junsu apuntó el control remoto al televisor y la encendió. —Hay una buena película esta noche. ¿Alguien quiere verla?
Yunho se puso de pie. —Estaba a punto de ir a cenar. ¿Tienes hambre, Boo?
—Ya comí —me encogí de hombros.
—No, no lo has hecho —dijo Junsu, antes de darse cuenta de su error—. Oh… es cierto, se me olvido que tú comiste una ¿pizza? Antes de salir.
Hice una mueca ante su miserable intento de arreglar su metida de pata, y luego esperé la reacción de Yunho.
Él cruzó la habitación y abrió la puerta.
—Vamos. Tienes que tener hambre.
— ¿A dónde vamos?
—Dondequiera que tú desees. Podemos ir a una pizzería. Miré a mi ropa. —Realmente no estoy vestido.
Él me observó por un momento y luego sonrió. —Te ves bien. Vamos, que estoy muriendo de hambre.
Me puse de pie y me despedí de Junsu, pasando a Yunho para bajar las escaleras. Me detuve en el estacionamiento, mirando con horror como él se montó en una motocicleta de color negro.
—Uh… —No supe que decir, mi cara de terror lo decía todo.
Me lanzó una mirada impaciente. —Oh, sube. Iré lento.
— ¿Qué es eso? —pregunté, leyendo la escritura en el tanque de gas demasiado tarde. —Es una Harley Night Rod. Ella es el amor de mi vida, así que no rayes la pintura cuando te subas.
— ¡Estoy usando Zapatillas! Yunho se me quedó mirando como si hubiera hablado en un idioma diferente.
Se puso sus gafas de sol y el motor rugió cuando lo trajo a la vida. Me subí y busqué algo a que agarrarme, pero mis dedos se deslizaron del cuero a la cubierta de plástico de la luz trasera.
Yunho me agarró de las muñecas y las envolvió en torno a su cintura. — No hay nada de que aferrarte excepto de mí, Boo. No me sueltes. —dijo, empujando la moto hacia atrás con los pies. Con un movimiento de su muñeca, salió a la calle, y se dirigió como un cohete. Los mechones de mi cabello que colgaban golpeaban contra mi cara, y me escondí detrás de Yunho, sabiendo que terminaría con bichos en mis gafas si miraba por encima de su hombro.
Él piso el acelerador , nos detuvimos en la entrada del restaurante, y una vez que estacionó, no perdí tiempo para volver a la seguridad del concreto.
— ¡Eres un loco!
Yunho se echó a reír, apoyando su motocicleta sobre el pie de apoyo antes de bajar. —Conduje al límite de velocidad.
— ¡Sí, si estuviéramos en la autopista! —dije, pasando mis dedospor mi cabello, para tratar de desenredarlo.
Yunho me vio retirar el pelo de mi rostro y luego se dirigió a la puerta, manteniéndola abierta. —No dejaría que nada te pasara, Boo.
Pasé junto a él para entrar al restaurante, mi cabeza aún no estaba en sintonía con mis pies. El aroma a grasa y condimentos llenaban el aire mientras lo seguía a través de la roja alfombra. Eligió una mesa en la esquina, lejos de los grupos de estudiantes y familias, y pidió dos cervezas. Escaneé la habitación, mirando a los padres persuadir a los niños a comer, y mirando a otro lado percibí las miradas curiosas de los estudiantes.
—Claro, Yunho —dijo la camarera, escribiendo nuestras bebidas. Ella parecía un poco drogada ante su presencia mientras regresaba a la cocina.
Me acomodé, de repente avergonzado por mi apariencia. — ¿Vienes aquí a menudo? —Pregunté mordazmente.
Yunho se inclinó sobre la mesa con los codos, sus ojos color marrón fijos en los míos. —Así qué, ¿cuál es tu historia, Boo? ¿Eres un odia-personas en general o sólo me odias a mí?
—Creo que sólo a ti —me quejé.
Se echó a reír una vez más, divertido por mi estado de ánimo. —No puedo comprenderte. Tú eres la única persona que ha estado disgustado conmigo antes del sexo. No te pones nervioso cuando hablas conmigo y no tratas de llamar mi atención.
—No es un truco. Simplemente no me caes bien.
—No estarías aquí si no te gustara.
Mi ceño involuntariamente se suavizó y suspiré. —No digo que eres una mala persona. Simplemente no me gusta ser un objetivo por el sólo hecho de que te apetezca tener sexo con todo aquello que se mueva. —Me concentré en en la mesa hasta que oí un sonido ahogado de la dirección de Yunho.
Sus ojos se agrandaron y se estremecía de la risa. — ¡Oh, Dios mío! ¡Me estás matando! Eso es. Hemos de ser amigos. No voy a aceptar un no por respuesta.
—No me importa ser amigos, pero eso no quiere decir que tratarás de meterte en mis pantalones cada cinco segundos.
—No dormirás conmigo. Lo entiendo. Traté de no sonreír, pero fallé.
Sus ojos se iluminaron. —Te doy mi palabra. Ni siquiera pensaré en tus pantalones?… a menos que quieras que lo haga.
Apoyé los codos sobre la mesa y me incliné en ellos.
—Y eso no sucederá, por lo que podemos ser amigos.
Una sonrisa traviesa apareció en su rostro mientras él se inclinaba un poco más cerca. —Nunca digas nunca.
—Entonces, ¿cuál es tu historia? —Le pregunté—. ¿Siempre has sido Yunho “Mad Dog” Jung o sólo desde que llegaste aquí? —Utilicé dos dedos en cada mano como comillas cuando dije su apodo, y por primera vez su confianza se desvaneció. Él parecía un poco avergonzado.
—No. Changmin comenzó eso después de mi primera pelea.
Sus respuestas cortas estaban comenzando a fastidiarme. — ¿Eso es todo? ¿No me dirás nada acerca de ti mismo?
— ¿Qué quieres saber?
—Las cosas normales. De dónde eres, lo que quieres ser cuando seas grande… cosas así.
—Soy de aquí, nací y crecí, y estoy matriculándome en justicia criminal. Con un suspiro, desenrolló sus cubiertos y los enderezó junto a su plato.
Él miró sobre su hombro, y noté su mandíbula tensarse un poco por los que nos rodeaban. Dos mesas ocupadas por el equipo de fútbol soccer de la universidad estalló en carcajadas, y Yunho parecía estar molesto por lo que se reían. —Estás bromeando. —le dije con incredulidad.
—No, soy un loco. —dijo él, distraído.
Sus cejas se juntaron, de pronto concentrado en nuestra conversación.
— ¿Por qué?
Recorrí los tatuajes que cubrían su brazo. —Sólo voy a decir que pareces más criminal y menos justicia.
—No me meto en problemas… en su mayor parte. Papá era muy estricto.
— ¿Dónde estaba tu mamá?
—Ella murió cuando yo era niño, —dijo como sin nada.
—Yo… yo lo siento. —dije, sacudiendo la cabeza. Su respuesta me pilló con la guardia baja.
Rechazó mi simpatía. —No me acuerdo de ella. Mis hermanos lo hacen, pero yo sólo tenía tres años cuando murió.
—Cuatro hermanos, ¿eh? ¿Cómo logras mantenerlos en regla? —Me burlé.
—Los mantengo por quien golpea más fuerte, lo que también es de mayor a menor. Dongwan, los gemelos… Junjin y Hyesung, y Minwoo. Nunca, nunca estés sola en un cuarto con los gemelos. Aprendí la mitad de lo que hago en el Circulo de ellos. Minwoo era el más pequeño, pero él es rápido. Él es el único que puede azotarme un golpe, ahora.
Negué con la cabeza, atónito ante la idea de cinco Yunho corriendo en un hogar. — ¿Todos tienen tatuajes?
—Más o menos. Excepto Dongwan. Él es un ejecutivo de publicidad en Busan.
— ¿Y tu papá? ¿Dónde está?
—Por allí —dijo. Su mandíbula tensa nuevamente, cada vez más irritado con el equipo de fútbol. — ¿De qué se están riendo? —Pregunté, señalando a la mesa ruidosa. Él negó con la cabeza, claramente sin querer compartir. Me crucé de brazos y me retorcí en mi asiento, nervioso sobre lo que estaban diciendo que le causó tanto enfado. —Cuéntame.
—Se están riendo de mí por tener que llevarte a cenar, primero. No es por lo general… lo mío.
— ¿Primero? —Cuando la comprensión se posó en mi rostro, Yunho hizo una mueca de dolor al ver mi expresión. Hablé antes de pensar—. Y yo que tenía miedo de que se estuvieran riendo de ti por ser visto conmigo así vestido, y ellos creen que voy a dormir contigo —me quejé.
— ¿Por qué no querría ser visto contigo?
— ¿De qué estábamos hablando? —Pregunté, tratando de evitar el sonrojo en mis mejillas.
—De ti. ¿Cuál es tu especialidad? —preguntó.
—Oh, eh… educación general, por el momento. Todavía estoy indeciso, pero me estoy inclinando hacia contabilidad.
—Tú no eres de aquí, sin embargo. Debes de ser trasladada.
—Incheon. Igual que Junsu.
— ¿Cómo llegaste hasta aquí desde Incheon?
Cogí la etiqueta de la botella de cerveza. —Sólo teníamos que escapar.— ¿De qué?
—Mis padres.
—Oh. ¿Qué hay sobre Junsu? ¿El tiene problemas con sus padres, también?
—No, Young Mi y Junho son geniales. Ellos prácticamente me criaron. El sólo vino siguiendome; el no quería que viniese solo.
Yunho asintió con la cabeza. —Así que, ¿por qué Seúl ?
— ¿Qué pasa con el tercer grado? —Le dije. Las preguntas estaban dirigiéndose de una pequeña charla a lo personal, y estaba comenzando a sentirme incómodo.
Varias sillas entrechocaron cuando el equipo de fútbol abandonó sus asientos. Intercambiaron una última broma antes de serpentear hacia la puerta. Los que estaban en la parte trasera empujaron a los de adelante para escapar antes de que Yunho hiciera su camino hacia ellos. Se sentó, con frustración y la ira empezó a desvanecerse.
Levanté una ceja.
—Ibas a decir por qué elegiste Seúl —dijo.
—Es difícil de explicar, —le dije, encogiéndome de hombros—. Creo que sólo se sentía bien.Él sonrió cuando abrió el menú. —Sé lo que quieres decir.
me gusta cómo se va desarrollando la historia, me dio mucha risa como Jae se vistio para ir a la casa de Yunho y Yoochun jajaja y ese Junsu jaja me gusto, espero actualices pronto ^^
ResponderEliminar